China, la economía del planeta de más rápido crecimiento, sigue mejorando sus habilidades censoras para controlar la información en Internet. Google, que anunció la semana pasada que establecería la censura en su buscador chino, es el último componente que se suma a esta cadena de control, basada, principalmente en filtrar términos y bloquear el acceso a sitios webs. Un ejemplo: marcando desde China el término Falun Gong, el movimiento de oposición política, se accede a páginas donde se desacredita a sus dirigentes. Desde Occidente, se llega a los resultados normales de Internet.

Por fortuna, la realidad de Internet impide que este férreo control sea totalmente efectivo, y los chinos están aprendiendo que existe una vieja herramienta para evadirlo: el servidor proxy. Una computadora genérica que permite una navegación anónima al disasociar la dirección del usuario del sitio web que se visita. Estos proxy server no perfectos: uno nunca sabe qué grado de fiabilidad tienen y a menudo están caidos. En China está sugiendo una red underground de proxy server, que se conecta a otros servidores mantenidos en otras partes del mundo por voluntarios.

Uno de los más conocidos es Tor, mantenido por Electronic Frontier Foundation, que es accesible desde China. Peacefire.org ofrece un interesante programa que convierte una máquina Windows en un proxy. Y, según informa The New York Times, dos compañías pequeñas, Dynamic Internet Technology y UltraReach Internet, ofrecen software para causar agujeros en el «gran muro chino».

 

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