Pese a las numerosas demandas que ha recibido en las últimas semanas por parte de la Asociación Estadounidense de Editoriales (AAP) y la Asociación de Autores, Google ha anunciado que está a punto de volcar a Internet una primera colección de miles de obras literarias e históricas digitalizadas del siglo XIX. De esta manera, intenta retomar su proyecto de crear su gran biblioteca digital Google Print, tras un parón de dos meses y medio y en especial después de que Microsoft anunciara su ingreso al proyecto del buscador abierto de libros de Internet Archive y Yahoo!.

LD (EFE) Google anunció en agosto la interrupción del proceso hasta noviembre con el propósito de dar tiempo a las editoriales a que notificasen específicamente qué volúmenes no quieren que sean escaneados.

Los portavoces de la compañía no han querido revelar cuántas editoriales pidieron que se les excluyera del programa, aunque sí han señalado que las peticiones abarcan a un número relativamente pequeño de libros.

Adam Smith, director del programa Google Print, señaló que por el momento la compañía se centrará principalmente en libros viejos y fuera de circulación de las colecciones de la Universidad de Stanford y de Michigan. A medida que avance el proyecto, el buscador comenzará a escanear libros más nuevos y probablemente sujetos a los derechos de propiedad intelectual. Se trata de un proyecto que tiene tantos admiradores como detractores, pero que pondría a disposición del usuario por medio de la red unos 15 millones de libros.

Entre estos últimos se encuentra la Asociación Estadounidense de Editoriales (AAP, por sus siglas en inglés), que interpuso hace unas semanas una demanda en la que acusaba a la compañía de quebrantar la ley de propiedad intelectual. La AAP siguió los pasos de la Asociación de Autores, una organización que representa a 8.000 escritores y que denunció ante los tribunales al buscador en septiembre. Otros grupos, como la Asociación de Editoriales Universitarias de EEUU, también han criticado el proyecto.

El proyecto busca crear una gran biblioteca virtual donde se alojarían volúmenes de las principales universidades de EEUU, así como la Biblioteca Pública de Nueva York y la de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido.

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